Llegué, llamé, y me abrió. Ya no iba con bata, sino con un vestido con tirantes, que le llegaba hasta un poco por debajo de la rodilla. Ahora sí que podía ver sus pechos. Eran grandes, y se marcaban los pezones. Iba con sujetador, pero los pezones se adivinaban bien. Estaba más arreglada que el otro día, y me invitó a sentarme en el sofá. Ella se aproximó con un paquete y me lo dio, sentándose enfrente mío.
- No hacía falta que comprara nada, mujer - Si, si, que te portaste bien. Ahora ábrelo.
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