Y nos pusimos a la inversa. Yo a cuatro patas, y ella detrás. Mmmmm. Sentir su lengua húmeda en mi trasero, y sus manos en mis huevos, fue una pasada. Mi rabo alcanzó el máximo estiramiento, y necesitaba vaciarme inmediatamente. Después de unos minutos así...
- Bueno, querida, creo que ha llegado el momento de correrse...
No se lo tuve que decir dos veces. Me cogió de la polla, y fuimos andando hacia su habitación, ya que hasta ahora no nos habíamos movido del comedor. No se molestó ni en deshacer la cama, se tumbó de espaldas, y abrió las piernas al máximo. Me puse entre ellas, lamí su coño de nuevo, y acerqué mi rabo a su cueva. La puse hasta el fondo sin ningún esfuerzo, y me puse a moverme dentro y fuera.
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